Historias que Marcan: Relatos de Vida y Reflexiones
María Gómez De Castro
12/15/20257 min read


Aquí cuento un poco lo que quiero sin problemas..
Mi blog es para escribir lo que me dé la gana: sobre hombres, mujeres, mi vida, el mundo y lo que realmente pienso, aunque a nadie le importe.
Últimamente creo que la gente se está volviendo loca. Todos, menos yo. Nadie se salva. La toxicidad está en todas partes: el mundo es tóxico hasta que se demuestre lo contrario. Y el mejor lugar donde puedes encontrarte a ti misma es en la soledad de una casa en las montañas, rodeada de cabras montesas, un perro y un burro.
Vuelvo a Madrid y no puedo evitar pensar ves si estabas mejor con el burro para que te vuelves.
Eso es lo último que he hecho, y debo confesar que me he sentido bastante cómoda. El perro saltaba y movía el rabo de aquí para allá cada vez que nos veía, y mi hijo no podía ser más feliz de tener un compañero de juegos que obedeciera todas sus órdenes.
Porque él es muy de mandar. Siempre que intento jugar con él y muevo un muñeco, me dice: “No, así no. A la derecha. A la izquierda. Ese tío no tiene esa voz, la tiene así…”. Y ahí estoy yo, desplegando todas mis dotes de buena madre, capaz de concentrarse en un juego que me importa tres pepinos con tal de estar un rato con mi hijo.
Al final todos queremos lo mismo: haz lo que digo y cállate.
Mi viaje a Roma
Y habrá quien piense que no somos tan imbéciles, que las personas nos adaptamos a lo que nos echen con tal de vivir en sociedad y todas esas paparruchas… pero yo no lo veo tan claro, y a los hechos me remito.
Una vez estuve en Roma. Me invitó un novio que era DJ y que tenía que pinchar allí, así que, como gesto romántico, me regaló un billete para que lo acompañase el fin de semana y verlo en acción. Nos acabábamos de conocer y yo no estaba nada convencida con el tipo, pero bueno, cosas que una hace.
Por cosas del destino, él se tuvo que ir primero, y yo al día siguiente por la mañana. Cuando llegué a Roma me sorprendió ver que no estaba en el aeropuerto esperándome, como me había prometido. Pensé que se habría retrasado por cualquier cosa y que llegaría en cualquier momento, pero no fue así.
A la hora y media de estar esperando, y después de reintentar llamar sin éxito —porque no sé qué cambio había que hacerle al móvil y no me dejaba— (hablo de hace años, cuando los teléfonos no volaban ni tenían diez mil opciones), empecé a entrar en pánico. Me puse a buscar calderilla en los bolsillos para intentar llamar desde una cabina en ruinas que ya nadie usaba.
El tema era lamentable: la cabina me hablaba en yo-no-sé-cuantos idiomas, pero en el mío no, y entre los nervios, el estrés y que se comía mi dinero a una velocidad de vértigo, no tuve otra que agarrar a un señor que pasaba por allí por la solapa y pedirle ayuda trágicamente. El tipo no fue muy amable, quizá porque yo tampoco pedí ayuda con mucha elegancia, pero me puso cara de “qué horror de loca” y se fue huyendo.Historias de Superación
A veces, las historias más impactantes son las que provienen de la superación personal. Conocí a una mujer que había tenido una infancia difícil, marcada por la adversidad. A pesar de todo, siempre llevaba una sonrisa en el rostro. Su historia de vida es un testimonio de resiliencia, pues, después de varios tropiezos, decidió transformar su dolor en motivación. Hoy, dirige una organización benéfica que ayuda a jóvenes en situaciones vulnerables.
Su energía y determinación son un recordatorio de que, sin importar los obstáculos, siempre hay una salida. Desde ese día, su historia me ha inspirado profundamente y me ha enseñado que cada uno de nosotros tiene fuerza dentro.
Me quedé otra hora y media allí esperando a que alguien viniese a salvarme, con un frío de narices porque era mediados de diciembre y se acercaban esas fechas tan nostálgicas en las que todos somos muy buenos y muy generosos… pero a mí me dieron bien por saco en el aeropuerto, porque no me ayudó ni Perry.
Así que finalmente acepté mi destino de mujer perdida en Roma y me fui de allí. En la calle encontré a unas chicas y, con un inglés chapucero, las convencí de que me prestaran su teléfono para hacer una llamada de auxilio. Por fin alguien me ayudó. Localicé al susodicho y respiré tranquila.
Esa fue la primera red flag que no vi venir.
El tipo se había cogido un tren para ir a buscarme, pero al parecer se equivocó y se fue en dirección contraria. Así que, cuando por fin nos reunimos —unas diez horas después— ya se habían ido a la porra diez horas del sábado, de mi supuesto y romántico fin de semana en Roma… y yo lo único que tenía ganas era de retorcerle el cuello suavemente con mis propias manos.Reflexiones Finales
Volver a Italia
El caso es que estas Navidades me voy unos días a Italia, ¿ a Roma? ¿A Venecia? ¿A…?”. Pues no. Me voy a un pueblucho que nadie conoce, perdido en medio del monte, que no tiene nada. Y cuando digo nada, es nada. Bueno, miento: hasta hace poco tenía un perro. Un perro que una vez me mordió.
Pero que nadie se asuste: los perros no son tan malas personas. Sobre todo porque no son personas… ¿os dais cuenta de que ya hablo como un político?
Era uno de enero de no me acuerdo qué año, pero mi hijo era pequeño y yo había tenido la genial idea de recuperar mi físico imponente en tiempo récord… Así que me fui a correr… Si el 1 de enero a las 8 de la mañana yo estaba corriendo algo que nadie más estaba haciendo, excepto el perro… A lo mejor me presento a un partido: "Señoras con Pocos Pelos en la Lengua". Total, la genial idea de irme a hacer yoga en medio del monte ya la tuve; de ahí a la política hay un paso.
La historia es fascinante: yo veo al perro corriendo hacia mí y, por algún motivo incomprensible, empiezo a moverme como un conejo. Y zas, el bicho dice: “Pues si es que una coneja no la ves todos los días”, y allá que va.
Desde entonces odio Italia. No me gusta ni un poquito. Italia tiene todo lo que me sienta mal: alimentos que me suben el índice glucémico y me sacan manchas… e italianos. Los italianos tienen un pase, pero lo de las manchas es un asco. Porque estar en un país donde te reciben con una focaccia recién hecha y no poder comértela porque eres mayor y vives en ayunas… eso es una cosa tremenda que nadie comprende. Incluso peor que lo del perro que me mordió.
A veces me invento cosas y otras veces me las imagino mientras están ocurriendo, con una claridad y detalle tal que, si al cabo de los años me preguntas si ocurrió realmente como te la estoy contando, hasta yo misma creo que fue así.
Me ha ocurrido toda la vida y, aunque distingo perfectamente entre la realidad y la ficción, lo sigo haciendo. Analizo todo como un cuento, una narración o una película. Observo lo extraordinario con atención para contarlo. Me gustan las cosas raras y la normalidad me aburre, así que si eres muy normal, haces lo que hace todo el mundo y te comportas sin salirte mucho del sistema, seguramente pasarás desapercibido para mí.
A pesar de eso, siempre he tenido el complejo de "tía raruna" y he hecho grandes esfuerzos por encajar en todas partes. Lo he hecho con los amigos, con los compañeros de la escuela y, actualmente, con las madres del colegio, aunque corrijo, porque el tema con las madres del colegio me lo ventilé rápido. Y es que, sí, señor, hace exactamente tres años que decidí mostrar mi verdadera naturaleza sin complejos, mi yo más auténtico, sin filtros, y soltarme la melena para hacer lo que siempre he querido.
Reflexiones positivas
Porque el tiempo pasa y quiero ser lo que debo ser.
Y esto que seguramente lo cuentan millones de gurús en sus libros sobre cómo ser perfecto, cambiar de vida y ser feliz, te lo digo yo a mi rollo. Ahora soy consciente de que me moriré pronto. Siempre he sabido que el tiempo pasa, pero no era consciente de lo rápido que pasa ni de lo mucho que lo desaprovechamos. Antes de que te des cuenta, estarás en una cama diciendo adiós, y créeme, que la historia será más fácil si hiciste todo lo que debías. Si no es así, va a ser jodido, y yo esto lo tengo muy presente.No estoy aquí para pedir permiso.
La libertad de ser quien narices te dé a ti la gana nunca pasa por contentar al resto, y puede que, aun intentando agradar al resto, nunca lo consigas. La panda de cretinos que pueblan la tierra (en la cual me incluyo) no quieren a los pelotas. Así que si te estás matando por agradar, seguramente no solo no estés siguiendo tu propio camino, sino que muy probablemente te estés llevando tortas como panes.Experimentar todas las posibilidades.
Hay gente que se conforma con lo que hay, pero yo no soy de esas, y como no lo soy, no puedo hacer como si todo valiera. Yo nací para brillar, y no porque me considere mejor que el resto, sino porque lo tengo más claro que el agua. Y lo mejor es que pienso lo mismo de los demás. Ahora bien, si tú has decidido no creerlo, es tu problema, no el mío.